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Year 2001 Edition - White Stork in Europe
Schools from three Countries together
in Europe At School 2001 competition
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Published by School M.A.R, Croatia, I.E.S.J-Sera, Spain
and G.S.G Moisil, Romania.
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EkoMAR zine > article #001066
25.04.2001 La Ciguena Blanca
Orden: Ciconiformes (Ciconiiformes) Familia: Ciconidos (Ciconiidae)
Dimensiones: Largo 102-130 cm; envergadura alar 190-210 cm Distribución: Europa, Asia y Africa nord-occidental Costumbres: Gregarias durante las migraciones hacia las zonas invernales: en pareja en periodo de nidificación Nidificación: En los árboles, postes o armazones con plataformas, en edificios de cualquier género o en las ruinas Peso: 2,5 a 4,5 kg. Alimentación: Ratones, insectos, peces, ... Huevos: De 3 a 5, de color blanco Polluelos: Nidícolas Cuándo regresan: Principios de febrero. LLega el macho y toma posesión del nido del año anterior. Composición nido: Palos, barro, paja, trapos, y materias diversas. Peso nido: De 30 a 600 kg. Aves asociadas: Comparte nido con gorriones, estorninos y cernícalos. pollos en el nido: 60días Sonido: Crotoreo (entrechocan los picos). Migración: Finales de julio
Descripción
La cigüeña blanca, de dimensiones relativamente grandes, se distingue bien de los demás ciconiformes europeos pues en los adultos la mayor parte de su color es blanco, con excepción de las plumas más largas escapulares, las coberteras mayores del ala, las coberteras primarias y las remeras primarias y secundarias, que son de un negro brillante. Las bases del vexilo externo de las primarias y de las secundarias son grises. Tienen el pico, las patas y los pies rojos, las partes desnudas en torno al pico, negras; los lados del mentón, rojos, y el iris de los ojos es gris. Los jóvenes son semejantes a los adultos, pero tienen negras o grises las puntas de las coberteras primarias, de las escapulares y de las coberteras medianas de las alas. El pico es rojo castaño con la punta más oscura, casi negra; las patas y los pies son de un castaño rojizo, mientras que los iris de los ojos son color café. En los primeros días de vida el polluelo está cubierto de un corto plumón blanco, que deja algunas partes desnudas. Cuando llega cerca de los diez días se cubre de un plumón más largo, y tiene entonces el pico negruzco con la punta más clara, de color castaño; las partes desnudas del mentón negras, y las patas, así como las articulaciones torzales, van de un blanco rojizo al castaño.
Los ejemplares de los dos sexos son semejantes.
De sexos iguales, esta ave tiene el cuerpo blanco con alas negras y blancas, y pico y patas largos de color rojo. Los jóvenes muestran el pico negruzco y las patas gris rojizo.
Sus andares lentos y acompasados le dan a la cigüeña blanca un porte elegante, y también en el vuelo, que es relativamente lento y majestuoso, es ligera y armoniosa, sobre todo en las evoluciones en espiral que ejecuta para elevarse o descender de nivel, planeando y deslizándose a grandes alturas.
En la posición de reposo suele permanecer en pie apoyada en una sola pata y a menudo repliega el cuello sobre los hombros dejando caer el pico con la punta hacia abajo, conservando siempre un aspecto decoroso y austero.
En el vuelo se diferencia de los buitres, los pelícanos y las garzas, con los cuales tiene en común la "silueta", por mantener el cuello tenso hacia delante, y puede confundirse solamente con los espátulas jóvenes y con las grullas, pero de las primeras se las distingue tanto por el pico que es recto y puntiagudo (en el espátula es plano y ensanchado en su extremo), como por las remeras que en el vuelo aparecen todas negras (en las espátulas sólo la punta de las remeras primarias es negra), y de las grullas se las distingue por supuesto durante el vuelo por el pico, que es francamente mas largo (el de las grullas es un tercio más corto), por el colorido inferior (el de las grullas es de un gris lavanda), por el cuello, sin coloración negra (en las grullas el cuello es negro con una estría blanca a los lados y la cabeza tiene el vértice rojo); además, cuando las cigüeñas blancas vuelan en grupo, no tienen nunca las formaciones lineales ni en V características de las grullas.
Las cigüeñas vuelan a grandes alturas, aprovechando las corrientes ascendentes calientes, con pocos golpes de ala, lentos y mesurados.
Volando en avión a gran altura, especialmente por las zonas de nidificación y de hibernación de estas aves, es bastante frecuente encontrar algún ejemplar a alturas de 4000 a 4500m.
Una Vecina Entrañable
Anida en árboles así como en edificios altos de pueblos y ciudades en lugares de difícil acceso, como chimeneas o campanarios de iglesias, y siempre que en los alrededores tenga suficiente alimento. Elige biotopos cerealistas, preferiblemente si en las cercanías existe un embalse o masa de agua, pudiendo encontrarse también en encinares, dehesas, edificaciones aisladas, etcétera.
Es un elemento apreciado en nuestros pueblos, sobre todo en grandes colonias
Puedes disfrutar con el seguimiento del período de reproducción de un ave silvestre
El mero hecho de que estén allí supone una aproximación del ser humano a la naturaleza.
Utiliza construcciones humanas para asentar su nido: campanarios, tejados, torres eléctricas ...
Acercándose a nosotros, busca protección de posibles predadores..
La cigüeña blanca ha sido declarada en 1981 especie protegida, y está incluida en los catálogos nacional y regional de especies amenazadas.
Muy ligada a medios antropógenos para nidificar, también utiliza las actividades humanas para alimentarse, siguiendo a tractores y arados cuando remueven la tierra, con el fin de capturar los pequeños invertebrados de que se alimenta. En los últimos años viene siendo frecuente observarlas alimentándose en basureros. Su dieta favorita está compuesta por ortópteros (langostas, saltamontes, etc.) siguiéndole en importancia otros insectos, reptiles, anfibios y pollos de aves que captura en sus correrías. Es, sin duda, el ave más conocida, y sus saludos rituales, acompañados de un típico sonido de chasquico del pico, llaman fuertemente la atención. Se encuentra en regresión debido a la caza de que es objeto en las áreas de invernada. A ello hay que unir la concentración de insecticidas organoclorados en su organismo, que acaba provocando la puesta de huevos estériles.
Migración
El fenómeno de las migraciones, característico de muchos de los animales que viven en nuestro planeta, adquiere, no sólo una gran importancia, sino una "espectacularidad" particular, en el ámbito de la clase de las aves.
El fenómeno migratorio está considerado como el medio a través del cual determinadas especies se adaptan a las situaciones ambientales; y es oportuno (en lo que se refiere a las aves) dar una definición suficientemente precisa de migración para distinguirla de otros fenómenos análogos. Se entiende por autentica migración el movimiento "regular" de las aves, entre zonas diferentes de su hábitat, en diversos periodos del año. Una de estas zonas es aquélla en que las aves se reproducen, y la otra, aquélla que más se presta a su supervivencia en la estación opuesta. Esta segunda zona se llama zona de hibernación, aunque desde el punto de vista del calendario anual pueda extenderse a un lapso mas largo.
Los conocimientos modernos a este respecto--por lo demás nada completos--se fundan sólidamente en informaciones derivadas de algunas fuentes principales:
1) datos sobre la distribución de determinadas especies--y en muchos casos incluso de subespecies--en los diversos periodos del año, con el conocimiento de las fechas de llegada, partida o alejamiento respecto a zonas bien precisas;
2) observación directa de lo que se ha definido como la "migración visible" de las aves que temporalmente se reúnen en número insólito en lugares como promontorios, penínsulas que se adentran en el mar, o pequeños islotes;
3) observaciones nocturnas de las aves en movimiento que se sienten atraídas por las luces de los faros costeros o por las de los barcos-faro; de las que se oyen reclamar al vuelo o de las que se ven con un telescopio mientras cruzan el disco lunar, o incluso de las grabaciones con radar de tales movimientos;
4) resultados del anillamiento, método que consiste en poner contraseñas individuales en las aves a fin de reconocerlas, una vez capturadas, y saber así de dónde proceden;
5) en fin, experimentos en condiciones rigurosamente controladas, sobre todo para conocer el estado de agitación premigratoria (Zugunruhe) y la capacidad de orientaciónn y de navegación. En cuanto a la difusión del fenómeno, sabemos que muchísimas especies de aves, prácticamente de casi todos los ordenes y familias, son en alguna medida migradoras. En efecto, si el fenómeno migratorio se manifiesta en su totalidad en las aves que nidifican en las latitudes máximas, no son pocas las especies migradoras que hay entre los limites de los trópicos. Existen notables diferencias entre las especies migradoras en lo que respecta a la amplitud de los movimientos y, sobre todo, respecto al grado de precisión y regularidad. No deja de haber casos en los que aparecen netas diferencias entre poblaciones de una misma especie o incluso entre individuos o grados de edad en el ámbito de una misma población.
Para mayor claridad es quizá útil distinguir estos movimientos y tratar de clasificarlos.
1) Movimientos locales. Encontramos todos los matices entre las migraciones que implican sólo breves viajes y las que consisten en alejamientos de extraordinaria amplitud. En algunos casos, los movimientos migratorios pueden efectuarse sencillamente de una zona de nidificaciones de tierra adentro hacia una zona "alimenticia" de hibernación a lo largo de la costa. Encontramos además migraciones que muestran una clara direccionalidad pero que se limitan a pocos centenares de kilómetros y que, no comprenden el cruce de ninguna porción de mar. Son estos los movimientos que consideramos locales, sin darles ulteriores calificaciones.
2) Alejamientos verticales. Es este un caso particular del movimiento local, en el que el alejamiento es hacia lo alto. Son muchas las aves que nidifican en lo alto de las montañas y que durante el invierno bajan a los valles. En la zona del Mar Muerto encontramos un fenómeno opuesto: algunas especies nidifican en las depresiones, a casi 300 metros bajo el nivel del mar, de donde se alejan, en el periodo invernal, hacia las colinas circundantes donde el clima es menos insoportable.
3) Migraciones a larga distancia. Tenemos aquí diferencias de grado más que de calidad, pero en este caso estamos en presencia de verdaderas migraciones-porque se trata de viajes de algunos centenares--y a menudo de varios millares--de kilómetros. Digamos, por ejemplo, que en las zonas de nidificación del norte de Europa, muchas especies emigran grandes distancias, trasladándose, durante el invierno, a la costa africana del Mediterráneo, o incluso más allá del Sahara. Movimientos igualmente extensos y que entran en esta categoría son algunos que no comportan grandes distanciamientos de latitud, como es el caso de ciertas especies de la Europa continental que emigran hacia la costa atlántica. Un ejemplo de este género es el de muchas poblaciones del cuervo negro (Corvus frugilegus) que desde las planicies rusas se va a hibernar a la costa atlántica de Francia.
4) Migraciones transecuatoriales. No se trata, para las aves, solamente de alejarse en el ambito de un mismo continente (de una zona de latitud alta a otra en que el clima invernal es más moderado) sino de cruzar el Ecuador para llegar a la zona templada del hemisferio opuesto donde la "hibernación" se produce en realidad en el periodo estival de aquellos lugares, esto es, cuando las especies locales están en plena reproducción. Tal fenómeno se produce en todos los continentes; así, encontramos especies que nidifican en Europa y que hibernan en Sudáfrica; otras de Norteamérica que se trasladan a Sudamérica, y otras aún que van desde el Asia septentrional a la zona australoasiática. Se trata aquí de alejamientos de muchos millares de kilómetros, de los que sin duda es el ejemplo mas notable y espectacular el de la golondrina de mar o esternártica (Sterna arctica), que encontramos nidificando en el Ártico, hasta en el 82° del paralelo Norte y que en la estación no reproductiva se traslada a los mares antárticos donde llega al paralelo 74° de latitud Sur, o va aún más allá. Tal recorrido1 por rectilíneo que sea, no es de menos de 14000 km en las dos direcciones.
El hecho de que, si bien hay especies del hemisferio meridional que emigran hacia el norte hasta las zonas del trópico, y no se conoce ningún caso de especie terrestre en distribución meridional que emigre a la zona templada septentrional, depende probablemente, en gran parte, de que la masa de los continentes está diferentemente repartida. En efecto, en el hemisferio meridional no tenemos ninguna extensión importante de tierra, con excepción de la Antártida, que se encuentre en latitudes equivalentes a aquéllas de las que provienen los numerosos migradores del hemisferio septentrional. Solamente entre las aves de mar, especialmente entre los procelariformes, es entre las que encontramos especies del hemisferio meridional que hibernan en lo que es el verano de la faja templada del hemisferio septentrional.
También existen migradores que no sólo llevan a cabo viajes transecuatoriales, sino incluso transoceánicos; así, la garza común menor (Puffinus puffinus) pasa, de los lugares de nidificación de las Islas Británicas, a las costas sudamericanas, para hibernar allí. Otro ejemplo extraordinario es el del chorlito de Tahiti (Numenius tahitiensis) que, después de haber nidificado en el interior de la tundra de Alaska, cruza la inmensidad del Océano Pacifico, hasta mas allá del Ecuador, e hiberna en Tahiti y en otras cuantas islas oceánicas.
Pues bien, para evitar equívocos y para entender cómo ha evolucionado el fenómeno migratorio bajo diversas presiones selectivas, recordaremos brevemente también la otra forma de movimiento de las aves.
5) Dispersión. Ciertos movimientos anuales no son dignos de entrar en la definición de migraciones; en efecto, se trata de individuos que tienden a alejarse del punto central en que vive la especie y cuyo número va disminuyendo conforme se alejan de dicho centro. Tales movimientos no son unidireccionales, ya que ciertas especies, principalmente las aves marinas, fuera del periodo de la reproducción, tienden a alejarse hacia otras zonas sin una regla fija, aunque tales dispersiones no son del todo casuales. En realidad, se trata a menudo de movimientos que tienen un ritmo estacional y que conciernen particularmente a la disponibilidad de alimento, según la dirección y la intensidad de las corrientes marinas.
6) Existen también algunas especies marinas que podríamos definir como migratorias parciales. El avefría (Vanellus vanellus) de las Islas Británicas y el petirrojo (Erithacus rubecula) de diversas zonas de Europa central, son ejemplos de este caso. En las especies citadas y en algunas otras, en una zona dada unos individuos emigran y otros no. Todavía no sabemos con suficiente precisión si los que emigran son especialmente los jóvenes, aunque si es seguro que en el caso del alcatraz común (Sula bassana) y del australiano (S. serrator) son los jóvenes los que ejecutan movimientos regulares hasta lejos de la zona de nidificación.
7) Movimientos premigratorios. Los jóvenes de un año de diferentes especies migradoras muestran a menudo una tendencia a la dispersión, o incluso al nomadismo, en el periodo que transcurre entre el final de la reproducción y el comienzo de la verdadera migración.
Se trata, a veces, de alejamientos de grupos de considerable densidad que van en diversas direcciones, aunque a menudo existe una dirección preferida, que puede llegar a ser hasta la opuesta a la que decidída y sucesivamente toman durante la migración.
Se trata en este caso de movimientos completamente diferentes de una auténtica migración, y que obedecen a otra motivación.
Existen también, sobre todo en la zona templada septentrional, especies sujetas a alejamientos durante periodos meteorológicamente desfavorables (No se trata de verdaderas migraciones porque no tenemos la acostumbrada regularidad desde el punto de vista del ciclo anual, ni la del momento de comienzo y de final.)
Tenemos además un movimiento particular ligado a las condiciones meteorológicas, definido como "migración a la inversa", según el cual, durante el regreso primaveral hacia el norte, varias especies pueden interrumpir la migración, o incluso invertir la ruta, cuando las condiciones meteorológicas impiden la continuación del viaje. Las "irrupciones" son movimientos decididamente irregulares que se producen solamente en determinados años, mientras que en condiciones normales las poblaciones de la especie en cuestion no lleva a cabo ningún alejamiento.
Los Periodos Y Las Rutas
Principales vías migratorias de las aves europeas. 1. - Ruta del Estrecho de Gibraltar. 2. - Ruta del Estrecho de Mesina. 3. - Ruta del Estrecho del Bósforo.
Áreas de cría e invernada de la Golondrina Común, mostradas como ejemplo. En lo que respecta al periodo de las migraciones es bastante lógico que, tratándose de movimientos que tienden a evitar la mala estación en las zonas templadas septentrionales, sea el otoño la estación que presencia el éxodo en masa de las especies que han nidificado en las altas latitudes; y la primavera, la que vea la vuelta.
Naturalmente, en la faja tropical el contraste estacional comprende los periodos de sequía y los de las lluvias, y precisamente son estos periodos en los que observamos las migraciones tropicales. Una característica bastante definida del fenómeno migratorio –sobre todo respecto a las migradoras a larga distancia--es la notable constancia del periodo de partida y del paso de año en año. Los límites entre los que pueden oscilar las fechas de partida y de llegada son relativamente restringidos.
Dado que la migración está evidentemente ligada al clima, y que puede considerarse como una conducta de adaptación a las variaciones estaciónales del ambiente, podemos afirmar que las condiciones del tiempo tienen un efecto directo.
Este efecto es de dos tipos: uno, el que condiciona el comienzo de un movimiento, y otro, el que afecta a los migradores durante el recorrido. Los efectos de la baja presión y del descenso de la temperatura en otoño condicionan la partida y la favorecen; en cambio, en primavera sucede lo contrario. Es natural que durante el recorrido las condiciones adversas, como tempestades, temporales, largos periodos de lluvias, etc., condicionen negativamente las migraciones y tengan a veces efectos desastrosos sobre las poblaciones migradoras.
Las migraciones, sobre todo las de vasta densidad, implican un cambio de latitud y por ello la dirección general del recorrido es la de norte-sur o viceversa. Las condiciones climáticas y la posición geográfica de los lugares son sin embargo importantes y pueden producir notables desviaciones de este esquema general.
Daremos un ejemplo: el Valle Padana es recorrido regularmente, y en masa, en dirección este-oeste o viceversa. Teniendo presente este hecho, es evidente que podemos hablar en muchos casos, sin tener la pretensión de hacer un esquema demasiado rígido, de rutas migratorias.
Estas rutas pueden considerarse como estrechos corredores por los que se mueve la masa de las aves migratorias o, en otros casos, como fajas migratorias. Todo induce a creer que los migradores poseen una capacidad innata de dirigirse constantemente en determinada dirección sin la ayuda de una brújula. Sin duda, muchos migradores toman en cuenta ciertas características topográficas como puntos de referencia; así, se habla de líneas de guía, de líneas de desviación, de puntos de referencia.
El perfil de la costa es un factor que condiciona notablemente la dirección de vuelo en todas las especies que prefieren permanecer sobre tierra firme a volar sobre el mar abierto; y los fuertes vientos contrarios, la lluvia, la nieve, etc., constriñen en muchos casos las bandadas migratorias a desviarse forzadamente de su recorrido. Se habla entonces de deriva migratoria y se considera que éste puede ser uno de los fenómenos más importantes, en cuanto a las colonizaciones de nuevas zonas llevadas a cabo por diversas especies.
A propósito del problema de la desviación respecto a la línea de ruta, causada por la fuerza de los vientos, puede decirse que normalmente los migradores están en condiciones de corregir este error. Pueden hacerlo por lo menos durante el día, mientras que de noche, cuando los puntos de referencia son mucho menos visibles, la corrección les resulta menos fácil. Así, el recorrido efectivo mantenido es la resultante de estas dos fuerzas; esto es, de la capacidad del animal de mantenerse en determinada dirección, orientándose con precisión, y la del empuje lateral respecto a la ruta ejercido por los vientos. Esto explicaría también cómo durante los días de niebla o de cielo nublado son más pronunciadas las desviaciones.
Existen diferencias estaciónales de las rutas migratorias, y no son pocas las especies que llevan a cabo determinado recorrido en otoño y un trayecto completamente diferente durante la migración primaveral, de lo que son ejemplos clásicos la cerceta y la curruca (Anas querquedula y Sylvia cantillans). Durante el paso invernal, la curruca es frecuente en el valle del Nilo, el que recorre hasta alcanzar la zona de hibernación africana de Etiopía, Kenia y las zonas adyacentes. En primavera, en el mismo valle del Nilo, la especie es prácticamente desconocida, y se ha podido averiguar que el viaje de regreso se realiza según un recorrido que se encuentra mucho más al este.
Un fenómeno que se ha definido con el término de abmigración (Landsborough Thornpson) se refiere a la posibilidad, frecuente sobre todo en los anátidos, de que algunos individuos, que han permanecido en la zona en que nacieron durante el invierno, partan en primavera para ir a reproducirse en zonas diferentes de las de su nacimiento, probablemente porque se acoplan con individuos de paso (en los anátidos la formación de las parejas se produce antes de la migración)
Reproducción
La teoría darwiniana, según la cual la selección natural favorece al individuo más adaptado y más fuerte, en la llamada "lucha por la vida", ha sido en parte revisada en los últimos años, en el sentido de que ahora se considera individuo favorito en el ámbito de la especie, no al más fuerte, sino al que es capaz de generar el mayor número de descendientes, "sembrando" así el propio patrimonio genético en mayor medida respecto a los demás coespecíficos.
El momento de la reproducción constituye, pues, el punto focal de la vida de cada organismo. Entre los animales superiores, son las aves sin duda los estudiados con mayor atención a este respecto, y su conducta reproductiva presenta multitud de puntos de extremo interés. La aparición en las aves del instinto reproductivo se ha puesto en relación tanto con los factores ambientales como con los fisiológicos. Entre los primeros--por lo menos en las regiones templadas--, el más importante resulta, sin duda, la prolongación del periodo lumínico diario, según se va pasando del invierno a la primavera, hecho que las aves interpretan como una señal eficaz de la aproximación de la estación reproductiva. A través de una compleja red de interrelaciones fisiológicas y hormonales, la respuesta a esta especie de reloj biológico se manifiesta por una fortísima hipertrofia de las gónadas, tanto masculinas como femeninas, las cuales pueden aumentar, respecto al periodo de descanso invernal, hasta 2 000 veces su volumen, durante esa auténtica conducta reproductiva.
Otros factores importantes resultan ser la abundancia de alimento y la de los materiales empleados para la construcción del nido. Naturalmente, para las especies que viven en la región ecuatorial hay que tener en cuenta otros mecanismos de control, como los que regulan periódicamente, de manera autónoma, los niveles de las diferentes hormonas sexuales en la sangre, cuyo relativo aumento va seguido del comienzo de la conducta reproductiva. En las zonas templadas, la estación reproductiva está bien definida, pues en ella algunas aves nidifican una sola vez, mientras que algunas especies--sobre todo las de pequeñas y medianas dimensiones--, se observan dos, y hasta tres, nidificaciones sucesivas. Entre los muchos factores que intervienen en la determinación del número de nidadas, encontramos por ejemplo la cantidad de alimento ofrecida por el ambiente, la depredación en perjuicio de la especie, la longevidad, la eventual competencia ínter específica.
En las zonas tropicales, según la ya citada constancia de ciertos parámetros físicos, no es posible definir siquiera una estación reproductiva determinada, ya que se observan nidificaciones durante casi todo el transcurso del año. Así pues, cada especie sigue generalmente su propio ritmo anual; lo que sin embargo no es siempre cierto, pues en algunos casos, como por ejemplo en la Sterna fuscata, el ciclo anual corresponde en realidad a 10 meses lunares, y a veces la especie puede nidificar dos veces en un año.
Gran variedad se encuentra en la edad en la que varias especies empiezan a reproducirse; en la inmensa mayoría de los paseriformes, en los anátidos, los coiumbiformes y en algunos estrigiformes, la primera nidificación se lleva a cabo aproximadamente al año de edad, mientras que muchos estrígidos africanos están ya en condiciones de reproducirse apenas a los 4 meses de haber nacido.
En otras especies en cambio, sobre todo en los rapaces, la madurez sexual se alcanza sólo después de los 4-5 años, y el albatros real (Diomedea epomophora) está en condiciones de reproducirse solamente en el octavo año de vida. Estos lentos ciclos reproductivos son uno de los principales motivos por los que tales especies resultan extremadamente vulnerables, lo que hace que necesiten una amplia protección ya que la perdida, aunque sea sólo de pocos ejemplares, puede tener repercusiones gravísimas en las diversas poblaciones locales.
El Territorio
Uno de los aspectos característicos de la conducta reproductiva de las aves lo constituye la activa defensa, por parte del macho o de los dos miembros de la pareja, de un "territorio" propio. Con este término se define cada zona defendida, sea cual sea su extensión: puede tratarse de la zona en que la pareja construye el nido, se nutre y desarrolla todas las actividades relacionadas con la reproducción; en otros casos puede ser la defensa de una zona relativamente amplia en la que se encuentra el nido, mientras que para alimentarse, las aves se trasladan a lugares diferentes, en los que no manifiestan una notable conducta agresiva.
En las especies coloniales, la pareja defiende únicamente el nido y una pequeña superficie circundante, y los miembros de toda la colonia se alimentan en común en zonas de forraje. En fin, puede suceder que defiendan un terreno usado como lek; es decir, como una palestra en la que los machos se exhiben en una parada ritualizada, a veces extremadamente compleja.
El territorialismo puede también manifestarse como simple defensa de un lugar para posarse los polluelos o incluso la hembra, como sucede por ejemplo con el Black Rosy Fínch, en los que el macho defiende únicamente a su pareja incluso cuando esta deja el nido para ir en busca de alimento. La amplia difusión del territorialismo entre las aves se manifiesta por la evidente ventaja evolutiva que va unida a semejante conducta. En efecto, de este modo queda asegurado el aislamiento de la pareja, que pueda reproducirse sin interferencias, sobre todo por parte de los miembros de la misma especie, evitando la confluencia de demasiados individuos en zonas que no podrian luego mantener a toda la población, y queda así, además, facilitada la búsqueda del alimento para los jóvenes y reducida la coexistencia con individuos de las mismas exigencias alimenticias. El Cortejo
El periodo durante el cual es posible la formación de la pareja, así como el tiempo que la precede y que es el dedicado al cortejo, son de duración muy variable, y va de pocas horas a algunos meses. En el nombre de cortejo van comprendidos todos los actos de conducta que sirven para unir o mantener unidos los miembros de la pareja, y que terminan en el acoplamiento. La inmensa variedad de casos que en este campo ofrece el mundo de las aves hace ardua toda esquematización.
En todo caso, sin embargo, cuando el cortejo es particularmente prolongado, sirve también para estimular en la hembra los procesos fisiológicos internos relacionados con la reproducción; así como para suprimir el componente de agresividad siempre presente en esta fase, sobre todo en los machos de especies fuertemente territoriales. Las diferentes posturas adoptadas durante el cortejo son propias y típicas de cada especie, lo que constituye un importantísimo mecanismo aislante precopulativo, ya que permite a cada ave comprobar la pertenencia de la otra a la misma especie. De este modo queda considerablemente reducido el riesgo de cruces entre diversas especies, manteniendo así inalterado y característico el propio núcleo génico. Muchas aves presentan un particular dimorfismo sexual, consistente en que la coloración del macho es notablemente más vistosa que la, generalmente mimética, de la hembra.
Además en multitud de casos, el plumaje de los machos, aparte de los colores encendidos, está caracterizado por plumas especialmente desarrolladas; como por ejemplo, en la llamada "viuda" africana (familia ploceidos) o en los ya célebres paradiseidos de Nueva Guinea. En todas estas aves, las partesecoloreadas --o en todo caso ias más llamativas--del plumaje aparecen realzadas en el macho y alcanzan por tanto una importancia fundamental durante el cortejo. A pesar de que el hecho de ser tan vistosos aumente para los machos la probabilidad de llamar la atención de los depredadores y de ser atacados por ellos, el empuje selectivo a favor de la posibilidad de acoplarse y de generar más descendencia es preponderante.
En las especies en que se asemejan los individuos de los dos sexos, el cortejo se basa en seflales auditivas, frecuentemente acompañadas de posturas características, como sucede en la mayoría de los paseriformes cantores, o incluso en los rapaces, cuya auténtica exhibición, ejecutada por el macho o por la pareja, consiste en espectaculares "picados" u otras demostraciones de habilidad en el vuelo. Los cortejos emprendidos por ambos miembros de la pareja han sido muy estudiados en los súlidos y podicipidos.
En muchos casos, una parte integrante del cortejo consiste en que el macho ofrezca a la hembra alimentos y objetos, que pueden ser ramas o palitos, como hacen algunos ardeidos, o bien manojillos de algas o sencillamente una presa.
Esta conducta puede observarse en diversos momentos del ciclo reproductivo: durante el cortejo, mientras la hembra está empollando, o incluso cuando están ya presentes en el nido las crias. En todos los casos, la actitud de la hembra que recibe el obsequio es idéntica a la característica del polluelo que pide de comer. El macho puede pasar el bocado de su pico al de la hembra, o bien regurgitarlo en el propio pico o en el suelo delante de la compañera. Muchos rapaces llevan a cabo espectaculares evoluciones durante las cuales el macho deja caer la presa hacia la hembra que la agarra al vuelo.
El significado de tal conducta parece consistir en la posibilidad de que el macho demuestre a la hembra cuales son sus capacidades para conseguir el alimento, lo que a su vez constituye para ésta una seguridad en cuanto a la crianza de los futuros polluelos. Los objetos obsequiados, ajenos al verdadero alimento, no pueden tener otra función que la de simbolizar auténticas presas.
Cuando está ya en curso la crianza de los polluelos, este tipo de cortejo tendrá esencialmente la misión de reforzar los lazos de la pareja; y estos lazos, que se establecen durante la fase del cortejo, ofrecen tambien enormes diferencias, tanto por los tipos del mismo como por su duración.
En algunos farsánidos, por ejemplo, los miembros de la pareja se encuentran solo para acoplarse, a menudo en vastos palenques donde se exhiben simultáneamente multitud de machos; y la hembra provee luego ella sola a la postura de los huevos y a los cuidados de la prole. A través de toda una extensa gama de conductas, se encuentran especies en las que la pareja permanece unida para una sola nidada; otras en las que la unión dura toda una estación reproductiva; y existen incluso, lazos
--por lo que parece--que son más duraderos, como sucede en los cisnes, ocas, muchos córvidos e incluso algunos pajarillos, en los que sólo la muerte de uno de los miembros parece poder romper los lazos de la pareja.
Muchísimos son los casos de poligamia, tales como los troquílidos y algunos emberícidos, en los que un macho fecunda varias hembras; pero también los hay de poliandria, en los que una misma hembra se acopla con varios machos, lo que sucede, por ejemplo, en el género de los Phalaropus. La becada marina (Haematopus ostralegus), al iniciarse la estación reproductiva parece ser a veces promiscua, ya que sus acoplamientos se producen siempre casualmente.
El cortejo tiene como fin y conclusión el verdadero acoplamiento, que en la mayoría de las especies se produce mediante un simple contacto de los orificios cloacales. El macho se abalanza sobre la espalda de la hembra, a menudo batiendo las alas, y en algunos casos, como en muchos anseriformes y galliformes, está presente también un característico órgano copulatorio. El acoplamiento puede llevarse a cabo en tierra, en el agua, en los árboles e incluso en el aire, como en algunos vencejos. Generalmente esta conducta sexual, que comienza durante la construcción del nido, se interrumpe una vez completada la puesta de los huevos. Es frecuente, sin embargo, encontrar especies en las que se observa un acoplamiento inicial dos meses antes de la puesta, y otras en las que se continúa durante el periodo de los cuidados a la prole; en estos casos, tales conductas provocan un refuerzo de los lazos que unen a la pareja.
Algunos Problemas
- Intoxicación por pesticidas agrícolas.
- Electrocución y colisión con tendidos eléctricos.
- Amputación de extremidades con cuerdas de uso agrícola, que pueden causarles la muerte (sobre todo a pollos).
- Falta de árboles de gran porte en los que anidar.
- Actos vandálicos: disparos, destrucción de nidos...
- Peligro de caídas de nidos demasiado grandes.
- Deterioro de tejados y torres de iglesias por la incesante acumulación de materiales en el nido.
Las cigüeñas blancas: son, indudablemente, las aves más representativas de Extremadura. Vecinas y amigas del hombre, son testigos de la historia y adorno vivo de la arquitectura en las ciudades monumentales de Cáceres, Plasencia y Trujillo; en pueblos como El Gordo - con el sobrenombre de "pueblo de las cigüeñas"- en Alcántara, Brozas, Garrotillos o Malparida; en el famoso acueducto romano de Mérida; en las iglesias, palacios y conventos de Zafra, Llerena, Jerez de los Caballeros o Fregenal de la Sierra.
Fragmento de poema dedicado a las cigüeñas:
"De cigüeñas la tímida bandada, Recogiendo las alas blandamente, pasó sobre la torre abandonada, a la luz del crepúsculo muriente;
hora en que el Mago de feliz paleta Vierte bajo la cúpula radiante pálidos tintes de fugaz violeta que riza con su soplo el aura errante.
Esas aves me inquietan; en el alma reconstruyen mis rotas alegrías; evocan en mi espíritu la calma, la augusta calma de mejores días.
Afrenta la negrura de sus ojos Al abenuz de tonos encendidos, y van los picos de matices rojos a sus gargantas de alabastro unidos.
Vago signo de mística tristeza es el perfil de su sedoso flanco que evoca, cuando al sol se despereza, las lentas agonías de lo Blanco.
Con la veste de mágica blancura, con el talle de lánguido diseño, Semeja en el espacio su figura el pálido estandarte del Ensueño.
Y si, huyendo la garra que la acecha, el ala encoge, la cabeza extiende, parece un arco de rojiza flecha que oculta mano en el espacio tiende.
A los fulgores de sidérea lumbre, En el vaivén de su cansado vuelo, fingen, bajo la cóncava techumbre, vacantes del azul ebrias de cielo...
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